CEUTA, LUGAR DE ENCUENTRO

21.10.2022 09:35
Regresaba en el ferry apoyada en la barandilla de popa y mientras veía alejarse la costa de Ceuta, pensaba en la máxima matemática de Euclides, el científico griego que afirmó que la distancia más corta entre dos puntos siempre es la línea recta. Quizás sobre el plano sea así, pero en las entretelas del alma, la distancia más corta la marca siempre el corazón. Y digo esto, porque a medida que ponía distancia física sobre la pequeña ciudad, la sentía cada vez más próxima. Podría decir que al pisar su tierra por primera vez, sentí que simplemente regresaba.
 
Regresaba a la tierra desde donde han llegado a la Península ideas, pueblos y culturas que han marcado nuestro devenir histórico como nación. El cristianismo traído a la península por los soldados de la Legio VII Gemina asentados en la provincia romana de la Mauritania Tingitana, la cultura bizantina o la cultura árabe son algunos de los aportes que la Península ha recibido desde este puerto vital de Ceuta.
 
Regresaba a la ciudad que escogió la corona española y aquí se quedó para siempre, convertida en vigía incansable entre dos culturas diferentes obligadas a entenderse.
 
Quizás por eso, por su perfil de frontera y su mirada perdida en el mar ha crecido como una ciudad abierta y hospitalaria, con una simbiosis de credos, rasgos y lenguas, en la que nadie se siente extraño. Y si para muestra sobra un botón, yo encontré dos que conjugaron amabilidad y disponibilidad a manos llenas, como denominador común de una visita donde el pasado y el presente caminan de la mano: el Grupo de Regulares 54 y el Archivo Militar de Ceuta, ambos al amparo del Acuartelamiento González Tablas, cuya espectacular puerta de entrada nos anticipa su propia historia tejida con sacrificio y valor.
 
 
La historia de los Regulares es la historia de una idea eficaz y resolutiva para abordar las guerras que España llevaba a cabo en Marruecos desde finales del siglo XIX. En este teatro de operaciones el ejército expedicionario enviado desde la península se demostraba poco eficaz. Su carácter de tropas de reemplazo les restaba adiestramiento e incluso motivación, en una guerras cuya impopularidad en España, había dado lugar a graves disturbios de orden público. En este contexto la idea era utilizar tropas indígenas adeptas a España, con un extraordinario conocimiento del terreno, de la idiosincrasia rifeña, y de su propia forma de combatir. Y así nacieron en 1911 las "Fuerzas Regulares Indígenas", unas nuevas unidades profesionales, especialmente diseñadas para ser empleadas en la extrema vanguardia como fuerzas de choque que, a las órdenes de cuadros de mando españoles, fueron equipadas e instruidas para combatir en ambientes para los que estaban bien preparadas y conocían a la perfección, su propio territorio.
 
Y así comenzó su historia. Una historia de sacrificio, valor, abnegación y trabajo callado, demasiado desconocida por el pueblo a quien sirven. Para muchos españoles solo son visibles en los desfiles donde marcan con espectacularidad la diferencia de la que son herederos. Detrás de su tarbuch, de su sulhan, de su paso elegante y cadencioso y de su particular braceo, está la Unidad más condecorada del ejército español. Una realidad que subraya no solo su posición de extrema vanguardia, sino el valor heroico con el que se enfrentaron allí donde estuvieron, y que debe ser conocido y reconocido por la sociedad española.
 

Esta historia se puede sentir en su Museo, en su Galería de Héroes, en el ambiente indescriptible del despacho del Jefe del Grupo donde se respira la emoción de ver su Bandera con la moharra coronada por las corbatas que acreditan todas sus condecoraciones. Y por supuesto en la sensación de sentarse en el Salón del Moro, y contemplar en silencio ese entorno que habla por sí mismo del origen de esta Unidad. Un paseo por su historia que acaba junto al monolito frente al que se realiza el Homenaje a los Caídos y que resume con sencillez y laconismo militar 111 años de servicio a España.

 

Después de ese paseo por la historia de los Regulares, mi siguiente objetivo era el Archivo Intermedio de Ceuta, gracias al cual tenemos acceso al legado que ha dejado la presencia española en el Protectorado de Marruecos, y por tanto es un elemento imprescindible para el conocimiento de parte de nuestra historia contemporánea.

Para quiénes amamos la historia de nuestra presencia en el norte de África, es un lujo tener al alcance los fondos documentales procedentes del extinguido Ejército del Norte de áfrica (E.N.A.), de la Alta Comisaría de España en Marruecos y de la Comandancia Militar de Ceuta. Su labor de identificación, clasificación, descripción y ordenación de los fondos que reúne el Archivo, permite ponerlos al servicio de la investigación tanto de particulares como de instituciones, lo que lo convierte en un instrumento de enorme importancia y utilidad para la difusión de las páginas de la historia. Al tiempo que los legajos intactos suponen aún un reto de trabajo minucioso, y quizás nuevas posibilidades de encontrar entre los documentos dormidos una historia desconocida capaz de dar sentido a una nueva novela.

 

Podría ser una historia que cuente sufrimientos, lealtades, amores, traiciones y descubrimientos entre las dos orillas del Estrecho. Una historia que una el presente y el pasado, las áridas tierras del Rif y cualquier pueblo castellano. Una historia que sea un homenaje a todos los que murieron con las botas puestas, y también a los que no pudieron morir de esa manera, pero cuyos nombres vivirán para siempre.

Si, quizás sea una historia que merezca la pena ser contada como prueba de que a pesar del esfuerzo de Hércules, sus pilares no nos separarán nunca.

 

Mercedes Pordomingo Esteban

 

P.D. Gracias a todos los que han hecho posible que este viaje sea un punto de referencia.

       Al Coronel Moro Sanjuán, Jefe del Grupo de Regulares de Ceuta 54, al Coronel Carrión, Director del Archivo Militar de Ceuta, al Suboficial Mayor Téllez del Grupo de Regulares de Ceuta 54, al Subteniente del Archivo Militar de Ceuta, al Sargento Andreu del Museo de Regulares, y a la Cabo Pilar García mi guía por el Museo.  

 

 

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